


Creador de ácidos (y de todo lo demás)
La evolución en la Tierra nos ha enseñado a utilizar en nuestro provecho este gas extremadamente reactivo, heredado de las cianobacterias que colonizaron los océanos primitivos. Durante millones de años no hicieron más que romper moléculas de agua de las que surgió el O2 que hoy respiramos.


Un contenido muy valioso
La bolsita en cuestión es lo que llaman levadura química (que nada tiene que ver con las levaduras). Contiene bicarbonato y un ácido de acción retardada. Si la pones al sol no tardarás en disponer una minidosis de dióxido de carbono (CO2), molécula que posibilita el crecimiento de las plantas y es la responsable del efecto invernadero.
Lleno hasta los bordes
Aunque parezca vacío, este contenedor de cristal contiene al menos una quinta parte de su volumen en O2. Junto con el H y el He, el oxígeno es el tercer elemento más común en el espacio, aunque en una proporción de masa bastante menor que en la Tierra.
Inodoro, incoloro e insípido.
El O2. no estuvo siempre presente en el aire. Su alta reactividad lo invitaba a combinarse rápidamente con otros elementos. Finalmente, el O2 apareció en la atmósfera hace 2.400 millones de años gracias al aporte de cianobacterias, que lo liberaban en cantidades masivas como sustancia de desecho. Puede que las pocas moléculas que contiene esta ampolla provengan de aquellas épocas remotas.